13 de agosto, 2026
En Fátima, el representante del Papa en Portugal pidió una cultura de la acogidaEn la misa celebrada este 13 de agosto, D. Andrés Carrascosa agradeció el testimonio de los emigrantes portugueses y pidió que se acoja a los inmigrantes con respeto, amistad y verdadera fraternidad.
«Aquí encontramos un verdadero hogar espiritual». Con esta descripción de Fátima, D. Andrés Carrascosa, nuncio apostólico en Portugal, comenzó la homilía de la Misa Internacional Aniversaria de este 13 de agosto, en la que participaron unos 25.000 peregrinos. «Venimos de muchos lugares: algunos nacieron en Portugal y hoy viven repartidos por todo el mundo; otros nacieron en diferentes países e hicieron de Portugal su nuevo hogar. Y muchos otros llegan de otros lugares. Todos, sin embargo, llegamos como peregrinos. Todos hijos de la misma Madre, hermanos entre nosotros», dijo a continuación el presidente de la celebración, en una reflexión en la que exhortó a construir la paz con acciones concretas. «En un mundo marcado por las guerras, las divisiones y la desconfianza, Nuestra Señora sigue repitiendo que la paz comienza en el corazón, comienza en la familia, comienza en la reconciliación, comienza cuando aprendemos a mirar al otro no como una amenaza, sino como un hermano. Quizá este sea el mensaje más importante de esta peregrinación: todos somos peregrinos. Nadie permanece para siempre en esta tierra. Nuestra verdadera patria es el Cielo», precisó el arzobispo español. D. Andrés Carrascosa recordó a quienes se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la guerra, la pobreza o en busca de seguridad y un futuro mejor para sus hijos, y pidió que cada uno contemple estas vidas como un «rostro con una historia, una cultura, una lengua, una riqueza, pero también heridas».
Durante la celebración se llevó a cabo la tradicional ofrenda de trigo por parte de los peregrinos, iniciada hace 86 años en esta Peregrinación Aniversaria del 13 de agosto por un grupo de jóvenes de Leiria, que entonces ofrecieron 30 almud de trigo destinados a la fabricación de hostias para su consumo en el Santuario de Fátima.
El representante de la Santa Sede en Portugal expresó su gratitud por el testimonio de fe que mantienen los emigrantes portugueses en el extranjero, y exhortó a esta comunidad a tender «puentes entre los pueblos» y a dedicar especial atención a la transmisión de la fe a las generaciones más jóvenes. A los inmigrantes en Portugal, el nuncio apostólico les agradeció la riqueza humana y espiritual que aportan al país, y recordó que su presencia «recuerda a la Iglesia que el Evangelio no conoce fronteras». «Que cada comunidad cristiana sepa acogeros con respeto, amistad y verdadera fraternidad», pidió el presidente de la celebración. Al final, el representante del Santo Padre recordó la petición que Nuestra Señora dejó a los Pastorcitos en las apariciones de 1917 y la dirigió a la asamblea reunida en el Recinto de Oración: «¿Queréis ofreceros a Dios?», y concluyó con una oración en la que pidió la intercesión de la Madre de Dios para la construcción de una verdadera fraternidad. «Que cada emigrante encuentre siempre una comunidad en la que pueda vivir la fe. Que cada inmigrante encuentre siempre un hermano que le acoja. Que nadie se sienta solo. Que ninguna familia pierda la esperanza. Y que Nuestra Señora de Fátima nos enseñe a caminar juntos hacia Cristo, para que un día podamos reunirnos en la casa del Padre, donde ya no habrá fronteras, separaciones ni lágrimas, sino solo la alegría eterna de la comunión de los santos».
Una sociedad de corazón abierto y disponibleEn su habitual discurso de clausura, el obispo de Leiria-Fátima, D. José Ornelas, agradeció la presencia del nuncio apostólico, destacando la comunión del Santuario con el papa León XIV, y reiteró el mensaje de acogida transmitido por el presidente de la celebración, recordando la idea que el papa Francisco dejó en Fátima de que es la «Casa de la Madre para todos, todos, todos». D. José Ornelas pidió una sociedad de corazón abierto, dispuesta a tender la mano a quienes llegan y se marchan. «Que María, que fue migrante y refugiada en Egipto para salvar a su Hijo, salvador de la humanidad, nos ayude a todos a abrir el corazón y a tender la mano a quienes llegan y se marchan, para que construyamos juntos un mundo más humano y más fraterno», pidió. El obispo de Leiria-Fátima expresó su solidaridad con las víctimas de los terremotos que recientemente han sacudido Venezuela y Colombia, por quienes pidió oración. En la Oración Universal de la misa se recitó una plegaria en este sentido. Por último, recordó con gratitud al antiguo presidente de Cáritas Portuguesa, Eugénio Fonseca, fallecido el 12 de agosto, destacando sus 21 años de incansable dedicación a las personas sin hogar, a los marginados y a la causa de la justicia social y la acogida de los más vulnerables. |