13 de julio, 2026
«Solo de Dios proviene lo que nos une, nunca lo que nos divide»En la misa de la peregrinación internacional aniversaria de julio, D. Pedro Fernandes invitó a los peregrinos a ser artífices de la justicia y la paz.En la homilía pronunciada esta mañana en el Recinto de Oración, el obispo de Portalegre-Castelo Branco, D. Pedro Fernandes, recurrió a la metáfora bíblica del contraste entre la luz y las tinieblas para reflexionar sobre los retos de la sociedad contemporánea, desde las guerras y los discursos de odio hasta las divisiones que amenazan la comunión en la Iglesia. «Hoy atravesamos una época de inseguridad y desorientación», señaló. «Pueblos que invaden a otros pueblos, personas que cometen actos de violencia contra otras personas, discursos de odio y división que proliferan e intentan imponerse a la comunidad humana», subrayó el presidente de la celebración. Partiendo del relato de la Anunciación, D. Pedro Fernandes presentó a María como ejemplo de humildad y disponibilidad ante la acción de Dios. «La actitud de María no es de heroísmo conquistador, sino más bien de humilde disponibilidad, de quien se pone a la escucha de lo que Dios quiere, reconociendo en Aquel que es la fuente de toda vida la única autoridad capaz de transformar nuestras tinieblas en luz y nuestra violencia en mansedumbre», afirmó. En este contexto, el obispo de Portalegre-Castelo Branco se remitió a la reciente encíclica Magnifica Humanitas, del papa León XIV, para alertar sobre la ambigüedad de los avances tecnológicos. «Si bien los recursos de la tecnología y la inteligencia artificial pueden abrirnos las puertas a un acceso casi inmediato a la información y a un fácil recurso a soluciones complejas, también pueden introducirnos en un juego peligroso en el que se confunden la verdad y la falsedad», recordó.
Según D. Pedro Fernandes, esta confusión favorece los discursos manipuladores y las estrategias populistas que explotan el miedo y la inseguridad para dividir a las personas y a los pueblos. «A la tenebrosa estrategia populista de “divide y vencerás” se opone la luminosa propuesta de la Palabra de Dios, que nos habla de “una paz sin fin”, alcanzada mediante “el derecho y la justicia” y no mediante la fuerza y la arrogancia», afirmó. El obispo recordó además los conflictos que asolan Oriente Medio, Ucrania y otras regiones del mundo, subrayando que las raíces de la guerra y la violencia también pueden manifestarse «de forma sutil» en los corazones y en la manera en que las personas construyen sus relaciones personales, sociales, políticas y económicas. En el ámbito de la Iglesia, monseñor Pedro Fernandes advirtió del peligro de las actitudes sectarias y de la arrogancia espiritual. Al recordar el reciente caso de una comunidad que se había puesto a sí misma en situación de excomunión, el obispo afirmó que la pretensión de un grupo de considerarse más cercano a Dios «genera una división que no puede provenir de Dios». En este sentido, el sacerdote invitó a los fieles a volver a la humildad de María y a preparar el Reino de Cristo mediante opciones concretas de paz, reconciliación y perdón. El obispo recordó además que «solo proviene de Dios aquello que nos une, nunca aquello que nos divide», y afirmó que la unidad de la Iglesia y la construcción de una sociedad basada en los valores del Evangelio son responsabilidad de todos los cristianos. Por último, D. Pedro Fernandes pidió la intercesión de María para que los peregrinos renueven su determinación de combatir todas las formas de violencia, prejuicio y exclusión a través de la oración, el discernimiento, la solidaridad y el compromiso con la construcción de la justicia y la paz. La fragilidad como testimonio y el llamamiento a la solidaridad globalEn su mensaje a los enfermos, André Pereira, director del Departamento de Acogida y Pastoral del Santuario de Fátima, afirmó que la Eucaristía reúne a los fieles como miembros de un mismo cuerpo, transformando a cada persona que sufre en un «sagrario vivo» de la presencia de Jesús. En su saludo final, D. José Ornelas, obispo de la diócesis de Leiria-Fátima, hizo un llamamiento a la solidaridad global, evocando a los pueblos que sufren, con especial mención a Venezuela, devastada por un reciente terremoto, y a las víctimas de las olas de calor en Europa y de las guerras que siembran el terror y la muerte. Para terminar, D. José Ornelas exhortó a los peregrinos a no permitir que los «vientos de guerra» apaguen la llama de la esperanza y la paz, y animó a cada peregrino a regresar a casa como «mensajero y agente» de la justicia, la fraternidad y la solidaridad en el mundo.
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