27 de noviembre, 2019

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Peregrinos invitados a vivir la santidad desde Fátima

Los ejemplos de los santos Francisco y Jacinta Marto acompañarán la vida del Santuario a lo largo de este año pastoral, durante el cual somos especialmente desafiados a “Dar Gracias por vivir en Dios”.

 

“Tiempo de Gracia y Misericordia: dar gracias por vivir en Dios” es el tema del nuevo año pastoral en Fátima, el último del primer ciclo pos-centenario de las Apariciones. Inspirado en la primera Epístola de Pedro- «Sed santos» (1 Ped 1, 15)- y teniendo presente el extracto de las Memorias de la Hermana Lucía - «[Nuestra Señora nos comunicó] una luz tan intensa, […] haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios, que era esa luz […]» (IV Memoria, sobre la aparición del 13 de mayo)- el Santuario preparó este año pastoral centrado en esa llamada universal a la santidad que consta de los documentos del Magisterio y que, en Cova de Iria, se materializa como un llamamiento a la vida en Dios, según el ejemplo de los videntes de Fátima, en particular de los santos Francisco y Jacinta Marto.

Con todo, durante este año, serán desarrollados varios contenidos temáticos como: la vocación bautismal a la santidad, la vida cristiana como vida en Dios, la conversión como re-enfoque de la vida en Dios, la santidad para los días de hoy, las dimensiones de una espiritualidad cristiana a la luz del mensaje de Fátima, la experiencia de la gracia como experiencia de la santidad de Dios, el Santuario como espacio de encuentro con el Dios santo, la experiencia de la misericordia de Dios como invitación a vivir con El, Fátima como escuela de santidad, Francisco como modelo de santidad, Jacinta como modelo de santidad y Lucía como modelo de vida cristiana.

La santidad “no es un privilegio reservado a algunos elegidos, es la vocación de todos nosotros Cristianos”, como nos recuerda el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica sobre el llamamiento a la santidad, Alegraos y exultad, y el rector del santuario de Fátima, padre Carlos Cabecinhas, lo recordó el pasado día 1 de noviembre al subrayar que ser santo es “no resignarnos con una vida mediocre, superficial e indecisa, sin horizonte o sin exigencia”.

“Ser santo es aproximarnos e imitar a Jesús, porque los santos son aquellos que supieron confiar sus vidas a Dios, y nos viene a la mente la pregunta de Nuestra Señora aquí en Fátima a los Pastorcitos: «¿Queréis ofreceros a Dios?»”, consideró el rector, que afirmó también que este acto de aceptar confiar la vida en las manos de Dios es “señal de santidad”.

En el mensaje de Fátima existe este horizonte, que pasa por conducir a cada uno hacia Dios y a “la vida de comunión con El, esto es, a una vida santa, y esto es lo que es Fátima: la invitación a una vida santa”.

La santidad en Fátima también es visible en los protagonistas, los Pastorcitos, y “en ellos encontramos no solo el enorme deseo de ser santos, deseo que tantas veces a nosotros nos falta, pero igualmente el esfuerzo diario por ser humildes, justos, misericordiosos, pacíficos, puros de corazón como Jesucristo, porque en ellos descubrimos este esfuerzo de vivir de acuerdo con las Bienaventuranzas”, añadió al recordar que llamamiento, compromiso y vocación son palabras centrales en el mensaje y también en esta invitación permanente a vivir en Dios.

Durante este año pastoral varios serán los momentos en los que esta llamada a un compromiso de vida, conforme a la palabra de Dios, será una constante, especialmente cuando se celebrarán centenarios que ocurrieron durante este año pastoral 2019/2020.

 

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Jacinta, la hermana más joven de San Francisco Marto, y también canonizada el 13 de mayo de 2017, murió el 20 de febrero de 1920. Impresionada por el sufrimiento de los pecadores, reza y se sacrifica por su conversión, por la paz en el mundo, y por el Santo Padre: “Sufro mucho, pero ofrezco todo por la conversión de los pecadores y para reparar el Corazón Inmaculado de María, y también por el Santo Padre”, confió Lucía, en su enfermedad. Y, poco antes de morir, decía: “En el Cielo voy a amar mucho a Jesús y al Corazón Inmaculado de María”.

La actitud de compasión es la marca distintiva de Jacinta, que dedica toda la existencia a la misión que la Señora del Cielo le confía: “¡Ojalá pudiera meter en el corazón de toda la gente el fuego que tengo aquí dentro en el pecho quemándome y haciéndome amar tanto al Corazón de Jesús y de María!”

El amor a Nuestra Señora y este deseo conformista de su existencia con el Corazón de Jesús, llevó a Jacinta a desear seguirlo, recorriendo el mismo camino que el Maestro. Y, ni siquiera en la soledad de la enfermedad, cuando le fue negada la posibilidad de la comunión o cuando la herida que le penetraba el pecho la hacía sufrir, perdió la serenidad propia de quien confía y de quien ama, al igual que María, su Maestra en la Escuela de Santidad, como afirmó el Papa Juan Pablo II. Durante su estadía en prisión, en Ourém, cuando Lucía le pide para escoger una intención por la cual ofrecer los sacrificios -por los pobres pecadores, o por el Santo Padre, o en reparación al Inmaculado Corazón de María – Jacinta no duda en responder: “yo ofrezco por todas, porque me gustan mucho todas”. (Texto escrito a partir de la espiritualidad de Jacinta, Fundación San Francisco y Santa Jacinta Marto).

 

La escultura más universal del catolicismo portugués

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La escultura de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, venerada en la Capilla de las Apariciones, fue ofrecida en 1920 por Gilberto Fernandes dos Santos, de Torres Novas, siendo bendecida el día 13 de mayo de ese mismo año, en la Iglesia Parroquial de Fátima, y llevada a la Capelinha un mes después. Fue solemnemente coronada el 13 de mayo de 1946 por el cardenal Aloisi Masella, legado pontificio.

La escultura está constituida por bloques de madera de cedro de Brasil (Cedrela odorata L.). Tienes varias camadas cromáticas y los motivos dorados están hechos con hoja de oro de 22 y de 23,5 quilates. Los ojos son de cristal y en las vestimentas y manto fueron incrustados diamantes de imitación, cristales y diamantes. Obra de José Ferreira Thedim, la escultura es de madera (cedro de Brasil) y mide 1,04 metros. Fue restaurada por el autor en 1951 y, posteriormente, varias veces retocada.

La escultura hizo 12 viajes con un sentido cultural, tres de ellos al Vaticano a petición de los Papas.

En los primeros tiempos, la Imagen era recogida por Maria Carreira, la celadora de la Capilla de las Apariciones, para su casa. Por esa razón, el atentado de 1922 no afectó a la escultura.

La escultura más universal del catolicismo contemporáneo va a estar en la exposición temporal “Vestida de Blanco” en el Convivium de San Agustín, en el piso inferior de la Basílica de la Santísima Trinidad el día 13 de junio, después de las celebraciones de la Peregrinación Internacional Aniversaria, que señala la segunda aparición de la Virgen a los pastorcitos de Fátima.

 

D. José Alves Correia da Silva, el obispo de Fátima

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Ordenado obispo de la restaurada diócesis de Leiria, en julio de 1920, D. José Alves Correia fue el prelado que organizó el evento de Fátima al declarar en una carta pastoral del 13 de octubre de 1930 “como dignas de crédito las visiones de los niños en Cova de Iria” y haber permitido oficialmente el culto de Nuestra Señora de Fátima, que dió un impulso extraordinario al Santuario que nacería. A él se deben, de hecho, algunas opciones estratégicas previas a esta carta pastoral desde las de naturaleza canónica hasta las más pragmáticas relacionadas con la creación de infraestructuras que permitieron la proyección del actual Santuario. También será gracias a él por lo que el mensaje de Fátima comenzará a recorrer mundo, pues fue D. José quien autorizó las primeras salidas de la imagen de la Capilla de las Apariciones. Es de destacar que en su episcopado se realiza la primera peregrinación nacional de María, por Pio XII; la coronación de la imagen de Nuestra Señora de Fátima en 1946 y la apertura del proceso de beatificación de los pastorcitos Francisco y Jacinta Marto.

D. José Alves Correia da Silva falleció en 1957 y sus restos mortales están sepultados en la Capilla mayor de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Un año antes de fallecer, el Papa Pio XII lo nombró asistente del sólio pontificio, una distinción de honor que, entonces, los Papas concedían a prelados en señal de reconocimiento por los trabajos prestados a la Iglesia.

 

Una oferta diversificada

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Durante este año pastoral varios serán los momentos en que este llamamiento a un compromiso de vida, se expresará a través de lenguajes diversificados que van de las catequesis, a la música, conferencias y momentos de mayor espiritualidad como son los retiros y las oficinas pastorales, desarrollados en el ámbito de la Escuela del Santuario. De entre estos eventos destaca los Retiros de la luz, que comienzan ya en diciembre (6 a 8) con la “Alegría de la Luz”, durante el tiempo de Adviento, siguiéndose después tres ediciones más en la Cuaresma, en la Semana Santa y en el triduo Pascual. Destaca igualmente las Jornadas sobre los Niños, la muerte y el luto, en mayo, y las visitas temáticas a la exposición temporal “Vestida de Blanco -exposición conmemorativa del centenario de la primera escultura de Nuestra Señora de Fátima”. En junio, se realiza el Simposio Teológico-Pastoral y en julio la V edición del Curso de Verano. También volverá  el Proyecto SETE-Inmersión de voluntariado joven en el Santuario y el programa Ven para el Medio, destinado a proporcionar vacaciones para padres de personas con deficiencia.

 

 

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